Trayectoria de Juan Carlos Iñesta dentro del Proyecto Domanises por Disseny CV

Juan Carlos Iñesta, el último artesano del barrio de Obradors

Nos desplazamos a la localidad de Manises para conocer al gran renovador de la cerámica valenciana.

Situado en Obradors, uno de los barrios de Manises más afectados por la especulación urbanística, el taller de Juan Carlos Iñesta resiste entre solares y adosados de nuevo cuño a modo de pequeña aldea gala. “Trabajo, investigo y experimento en lo que fue casa de mis abuelos, y que a su vez funcionaba como almacén de loza, vidrio y cristal”, apuntilla uno de los principales renovadores de la cerámica artesanal. Bajo ese taller, al igual que sucede unos metros por debajo de las viviendas de nueva planta que lo rodean, las catas han certificado la presencia de antiguos talleres cerámicos datados en el siglo XIV. Iñesta recoge hoy el testigo de esta tradición manisera y elabora en su taller reproducciones de cerámica medieval (es un consumado especialista en esta etapa histórica) para museos e instituciones empleando los mismos pigmentos, esmaltes y pastas, para que la pieza sea lo más fidedigna posible al original. “Eso no se puede perder en la vida”, sentencia.

La formación de Iñesta apabulla. Diplomado por la Escuela Superior Cerámica de Manises en cerámica artística (peritaje), este Premio Nacional de Cerámica es también vocal de la Asociación Española de Ceramología, una de cuyas funciones es la protección del patrimonio cerámico nacional. “Además de congresos e investigación, también trabajamos para preservar el patrimonio de expoliadores”. De tanto en tanto, Iñesta, durante sus paseos en torno a su taller regresa con algún fragmento de cerámica medieval, restos dispersos a lo largo y ancho del barrio de Obradors. Su interés por la cerámica es parejo a su devoción por la localidad en la que se asienta su taller. “Me interesa muchísimo conocer la historia de Manises. Es un pueblo que lleva 700 años produciendo cerámica, un inmenso legado”.

Las manos como instrumento

En pocas ocasiones un profesional ha tenido tan claro y con tanta antelación su vocación. “Yo con seis años ya sabía que quería ser ceramista. Necesitaba expresarme con las manos”. Iñesta pasa por la Escuela de Cerámica de Manises, y más tarde la objeción de conciencia le lleva durante trece meses -estaba escrito-, al Museo de Cerámica de esta localidad.

En 1992 sus abuelos le ceden una parte del almacén, un pequeño taller de apenas 30 m2, sin agua y sin luz, para que un incipiente Iñesta investigue sobre cerámica, en un momento en que la actividad en este sector tradicional de Manises se encontraba en buena forma. “La gente pasaba, me veía usando el torno de pie y me decía a través de la ventana ¡hazme palanganas!”. De este modo Iñesta comienza a producir piezas de alfarería para las empresas del entorno. “En el tallercito no tengo horno, así que saco las piezas fuera y entonces me doy cuenta que otras empresas las han copiado. En ese momento me digo que algo debo estar haciendo bien, y sobre todo, que las empresas cerámicas deben apostar por el diseño, en una estética basada en el diseño”.

El diseño como palanca de cambio

El afán de experimentación arranca igualmente en el año olímpico. Iñesta comienza a realizar obra personal enfocada a concursos, y en paralelo se vincula con Vicente Ajenjo, también ceramista, con el propósito de iniciarse en la obra de autor, con la mirada puesta en exposiciones. “Desde aquel año pienso en hacer diseño. Mi obra plástica es muy depurada, cuido las formas para que muestren mis gustos estéticos”.

José Gimeno (La Cerámica Valenciana de José Gimeno) recluta a Iñesta en 1997, siguiendo el consejo del director del Museo de Cerámica de Manises, para dar comienzo a la línea Sagenceramics. “Gimeno ya conoce a muchos alfareros, pero no encuentra lo que busca. No funcionan cuando se salen del producto habitual”. Esa primera colección le proporciona a Iñesta un Alfa de oro y un galardón Qualitat y Disseny, “pero sobre todo me da un nombre”, puntualiza. Durante ese tiempo también trabaja para otras firmas como Ona Iluminación, e inclusive -un aspecto de su trayectoria profesional que poca gente conoce- como asistente técnico de Santiago Calatrava para los murales del Reina Sofía.


Iñesta ha alternado investigación, trabajo y docencia desde principios de los noventa. En 2011, y debido al bajón de los proyectos educativos, el ceramista comienza a pensar en la creación de una marca que vaya más allá del propio Iñesta y que englobe su experiencia profesional y docente, producción para diseñadores o workshops. En definitiva, Domanises. “El logo lo creó Rafa Zaragozá –en aquel momento todavía componente de estudio La Mamba-, con el que conecto de manera bastante extraña. Rafa está preparando un proyecto y envía cien correos a cien artesanos, al que sólo contesto yo”. A pesar del inicio raruno, la colaboración con Zaragozá y el resto de componentes de La Mamba se traduce en dos premios Injuve (proyectos Wish Bottle y Pregnant Vase) y un intercambio de conocimientos que aporta a Iñesta conceptos hasta ahora inéditos de design thinking. Un año más tarde, “Rafa Zaragozá y Juan Gasca -fundadores en aquel momento de ThinkersCo- empezamos con nuevos proyectos. Ellos siempre están dispuestos a dar y recibir consejos. Tienen una visión actualizada del diseño y apoyan pensamientos que yo, a priori, veo descabellados, pero acordes con mi concepción del diseño”. Tras estas primeras colaboraciones surgen más proyectos en el seno de ThinkersCo (Dovase, A day in a Vase). Iñesta llega entonces a la conclusión de que se ha producido un cambio generacional en torno a la percepción de la cerámica. “De repente hay un interés renovado, que creo se debe a que en el ámbito del diseño de producto los proyectos cerámicos son más económicos y a que mi estética no es vista como antigua”.

Al calor de este interés, Iñesta se vuelca en el desarrollo de la imagen de marca de Domanises bajo la guía de Juan Pastor, en el marco de un Master en Gestión del Diseño promovido por EOI (Escuela de Organización Industrial) y ADCV en Las Naves, en el que coincide con Clara del Portillo (Yonoh), Johnny Vale o Vicente Gallega (Gallega Design) entre otros. Con Gallega colaborará posteriormente en la exposición “Diseño al plato” que ha pasado hasta el momento por Valencia o Milán.

Trabajando con diseñadores, formando diseñadores

La colaboración de Iñesta con creativos es muy amplia, así como muy diferentes los proyectos realizados bajo el sello Domanises. Entre aquellas formativas podemos citar la colaboración con la Escuela Técnica Superior de Diseño Industrial (ETSID) del Politécnico. Desde esta facultad buscan artesanos que quieran implicarse en los proyectos desarrollados por estudiantes, y que posteriormente forman parte de las distintas muestras “Retorno del sentimiento”, promovidas por Manuel Martínez Torán. “Los artesanos ayudamos a los alumnos a desarrollar y ejecutar los prototipos para que sean capaces de valorar lo que cuesta sacar un producto al mercado. Llegaban con el proyecto definido, y procurando ser fiel al modelo original, intento usar la técnica de producción adecuada.” Las colaboraciones se extienden desde 2011, e Iñesta destaca las propuestas de diseñadores como Ane Baraja, Samuel Gallego, Carlos Olagüe o Coté Escrivá.

“Virgencita, diseño de  Ane Baraja”  


“Virgencita, diseño de  Ane Baraja”

 

Entre toda esta actividad formativa (ampliada a EASD o AVEC- Gremio), el estudio valenciano Mr. Simon, a la caza de un profesional que trabaje el producto cerámico, da con Iñesta. De este encontronazo surge una pieza como Dos Pavos. Domanises firma igualmente piezas con estudios como Joan Rojeski o los madrileños Lotocoho, en una colección inspirada en la obra de Giorgio Morandi que encuentra acomodo en el Museo Thyssen. “Me parece interesante convertir mi taller en centro de encuentro de diseñadores con nuevas propuestas. Me mantienen al corriente de las actuales tendencias. Rejuvenezco con ellos”, sonríe Iñesta. Además de tratar el campo del diseño, también encuentra tiempo para indagar en la ilustración, a través de un proyecto a cuatro manos con Agustín Esteso. “Es un ilustrador fantástico, tremendo. Para estos profesionales, la cerámica es un buen soporte y la autoedición una salida muy interesante, porque es distintiva y permite un alto grado de diferenciación”.

En los últimos tiempos, Iñesta ha potenciado de nuevo la labor docente a través de EASD Valencia ofreciendo su estudio como centro de Prácticas. “Tengo a tres futuras diseñadoras en el taller con el proyecto de fin de carrera. A veces aportan cosas sin demasiado sentido o con un gusto excepcional, pero quiero apostar por los estudiantes porque llegan con ideas nuevas, frescas, y para su portfolio es importante reseñar una colaboración como esta”. Iñesta también promueve workshops en los que participan alumnos nacionales e internacionales vinculados al diseño o al arte, e incluso prestigiosos profesionales, como por ejemplo, el estudio de Jaime Hayón.


Alrededor del torno en el que Iñesta empezó hace más de veinte años, este renovador de la cerámica continúa enfrascado en distintos proyectos con la ilusión intacta. “Sigo siendo tan creativo como hace cinco, diez, quince años y mantengo la misma energía que cuando empecé. Creo que es algo innato”.


Texto y fotografías: Paco Ballester

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